miércoles, 9 de noviembre de 2011

PUENTE DE JARAICEJO

El paso de los ríos ha supuesto siempre la superación de puntos singulares a la hora de trazar vías de comunicación que permitieran el desarrollo de las comarcas, el comercio entre ellas y la defensa de estas frente a agresiones externas.

En el singular enclave que ahora nos ocupa, un punto favorable para el vadeo del río Almonte cercano a la localidad de Jaraicejo, encontramos cómo la evolución de los medios de transporte ha ido modificando la fisionomía de paso, construyéndose hasta tres puentes, correspondientes a distintas épocas, en apenas un kilómetro de río, prueba de que desde el primero se eligió bien el lugar. Esta circunstancia (que existan 2, 3 ó 4 puentes correspondientes a distintas épocas) es frecuente en nuestra comunidad y tenemos múltiples ejemplos. En realidad es un archivo histórico que nos muestra nuestro pasado cultural.

El más hermoso de ellos, también el primero en construirse, allá por 1440, está situado aguas abajo de los otros dos, y su construcción se llevó a cabo en dos fases. Fue D. Juan de Carvajal, obispo de Plasencia, y nombrado cardenal de Sant Angelo por Eugenio IV, natural de Trujillo, quien promovió su construcción, como hizo con el puente del Cardenal (en su honor aún hoy se le conoce así) en el río Tajo, dando encargo del mismo al maestro Pedro González (de nuevo el mismo constructor), quien respondió con los tres primeros arcos de la margen derecha, culminando en la rampa que desciende al lecho del río, salvando así el cauce principal del mismo. Fueron ejecutados estos tres arcos de medio punto, si bien hoy el tercero aparece rebajado para enlazar con la posterior ampliación, con doble rosca de sillares, descargando en pilas con tajamares semicirculares aguas arriba y rectangulares aguas abajo.

Bajo el reinado de Felipe IV, en 1639, se decide prolongarlo para llegar hasta 150 m con 6 nuevos vanos, hecho que quedo patente en el templete que hasta hoy nos ha llegado, con el reflejo de las armas del rey, del pueblo de Trujillo y de las familias Vargas, Ulloa y Orellana. Se construyeron entonces, los nuevos arcos, empleando bóvedas de medio punto y escarzanas (el antiguo arco rebajado y el contiguo, descargando ambos sobre la pila que constituye el descendedero), con dovelas e intradós de granito.

Conocido como puente de la Barquilla, fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento según Resolución de 28 de febrero de 1991 de la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Extremadura en la que se acuerda tener por incoado el expediente correspondiente.











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